La ermita de Santa María Magdalena
Hoy por hoy ya solo queda su ábside semicircular, hecho con piedra caliza sin tallar,
unida con cal y arena, o sea, obra de cal y canto como en la Nevera o en la Csa del Moro.
Coronando el ábside, un alero, sustentado por una docena de ménsulas, todo ello tallado
en bloques de arenisca. Sobre el alero descansa lo que queda de la bóveda, del tipo
denominado "de horno", es decir, rebajada, también como en la Nevera.
Tal y como se puede observar en las fotos, sus ruinas se encuentran a las afueras del pueblo,
cerca del molino. Es una zona que actualmente está ocupada por eras.
Desgraciadamente a fecha de hoy apenas quedan unos pocos vestigios.
Las fotos en color fueron tomadas en el verano de 1988.
Estas ménsulas, o "modillones", que soportan el alero son
típicos elementos del arte románico.
Por ellas, y dadas las características históricas de la
comarca, podemos datar a nuestra érmita hacia los
siglos XII y XIII.
Posiblemente se trata de una de las pocas muestras
del románico en la zona.
La ermita estaba bajo la advocación de Santa María Magdalena
Pero en tiempos no tan lejanos la ermita cayó en destinos más innobles y desdichados.
Antes los ayuntamientos tenían que disponer de un cobijo para pobres
y transeúntes.
En Malanquilla hubo una alcaldía que levantó la pared que mira a la carretera
y adjudicó el lugar como refugio. Desde entonces, y durante muchos años, estas gentes
pernoctaban allí.
Como aquellos gitanos que venían a estañarnos las cazuelas y cubos metálicos de cocina
que tuviéramos rotos. Y a todos los que preguntaban se les indicaba este lugar. Por eso se
ven las paredes y el interior de la bóveda tan ennegrecidos, a causa del humo de las fogatas
que allí se hacían.
La ermita también fue usada como corral y sufrió el añadido de un cobertizo, que está
pegado a la pared derecha según miramos el ábside por detrás.